¿Hay que reducir el tamaño del Congreso?
Martes 2 de septiembre de 2014 | Gabriel L. Negretto | El Universal | 00:00

La propuesta del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de consultar a la población si está de acuerdo con eliminar 100 diputados y 32 senadores electos por representación proporcional requiere ser evaluada en torno a tres preguntas: 1) ¿Se encuentra sobredimensionado el actual Congreso mexicano? 2) ¿Es correcto poner en el mismo lugar a los diputados y los senadores electos por representación proporcional? y 3) ¿Es adecuado decidir estas cuestiones por medio de una consulta popular? Creo que lo sensato es responder negativamente todas estas preguntas.

No existe número ideal de legisladores de carácter universal. Respecto de los diputados, el primer factor a considerar es la población en cada país. Un número óptimo de diputados es aquél que minimiza la distancia entre representantes y representados sin crear una asamblea tan grande que se torne ineficiente. En un trabajo de 1972, el físico y politólogo estonio Rein Taagepera descubrió que este número se acerca a la raíz cúbica de la población o, en una versión más refinada, a la raíz cúbica del doble de la población alfabetizada y económicamente activa (S = (2Pa) 1/3). Según esta fórmula, México debería tener 459 diputados. Este número es menor al actual de 500, pero 500 es más cercano al óptimo que si se eliminaran 100. No hay pues ninguna razón, ni de representación ni de eficacia, para reducir el número de diputados. De hecho, quitar 100 plurinominales sí afectaría la representación, pues le restaría proporcionalidad al sistema, premiando excesivamente al partido con más presencia territorial en los distritos uninominales.

La evaluación debe ser distinta para los senadores. Los países federales, como México, poseen una segunda cámara cuya justificación central es dar cabida a la representación territorial de los estados. En esta cámara, el número de miembros se corresponde con el número de estados y el tipo de representación de estas entidades. México, al igual que Estados Unidos, adoptó un sistema de representación igualitaria por estado, inicialmente de dos delegados. Reformas posteriores incorporaron a un tercer senador para la segunda fuerza más votada y 32 senadores electos por representación proporcional en un distrito único. La adición de senadores electos por regla de proporcionalidad desnaturalizó la razón de ser de la segunda cámara, que es representar a los estados, y duplicó una forma de representación que ya está presente en la Cámara de Diputados. Además, convirtió al Senado mexicano en la Cámara Alta más numerosa de América Latina, superior a Brasil, que tiene un número cercano de entidades federativas y una población general mucho mayor que México.

Si bien sería deseable que una reforma futura elimine los senadores de representación proporcional, no es conveniente que estos cambios se decidan por medio de una votación directa. La consulta popular, particularmente la impulsada por recolección de firmas, debería ser un mecanismo de control ciudadano sobre los representantes y no un instrumento de los partidos para obtener ventajas electorales sin tener que deliberar y negociar con otras fuerzas. Es saludable que la ciudadanía participe en la aprobación de reformas institucionales, pero sólo después de un proceso de debate público incluyente y pluralista. Si los partidos se apropian de la consulta para imponer reformas en su exclusivo beneficio se terminará por agudizar la crisis de representación que la incorporación de instrumentos de democracia directa buscaba superar en México.

 

Investigador del CIDE

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