Sindicalismo neoliberal
Martes 26 de agosto de 2014 | Carlos Bravo Regidor | El Universal | 00:00
Hace algunos días se publicó un pronunciamiento en el que dirigentes empresariales, gobierno federal y líderes sindicales cerraron filas contra la propuesta de aumentar el salario mínimo (http://j.mp/proncon). De los empresarios es lógico porque mantener bajos los salarios es una forma de hacer más competitivos sus negocios. Del gobierno es desconcertante porque lejos de mediar entre dos sectores estructuralmente antagónicos asumió como propia la posición de uno de ellos. Pero de los sindicatos es grotesco porque significa que quienes tendrían que representar el interés de los trabajadores han optado por defender el de sus patrones. ¿Cómo explicar semejante escenario? ¿Cómo llegó México hasta este punto?

En nuestra conversación pública hay dos grandes relatos sobre la historia de los últimos treinta años: el de la “liberalización” y el de la “transición”. Ambos son relatos de crisis y reforma. El primero cuenta el proceso que llevó de la rectoría económica del Estado al imperio del libre mercado: devaluaciones, inflación, déficit, privatizaciones, apertura comercial y financiera, desregulación, disciplina fiscal y monetaria. El segundo cuenta el proceso que condujo del autoritarismo posrevolucionario a la democracia contemporánea: partido hegemónico, fraudes, presidencialismo, partidos, elecciones, pluralidad y alternancia.

En ninguno de esos dos relatos figuran realmente los sindicatos, actores que formaron parte fundamental de la coalición que gobernó México durante buena parte del siglo XX. Y es que dichas organizaciones fungieron como una suerte de intermediario asimétrico que cumplió una doble función. Por un lado, como agentes de una base social, ejercían cierta presión, gestionaban algunas demandas y canalizaban varios beneficios para los trabajadores. Por el otro lado, como instrumentos de control político, inhibían la movilización, restringían el pluralismo e imponían disciplina en un sector estratégico para la estabilidad del régimen. Digamos que fueron espacios de relativa inclusión y, al mismo tiempo, de estricta subordinación.

Sin embargo, a partir de la década de los años ochenta la presión tanto de la reestructuración económica como de la democratización política redefinió el lugar y la importancia de los sindicatos. Su papel como agentes del interés de los trabajadores, ya de por sí débil, se debilitó aún más: su influencia como parte de la coalición gobernante disminuyó —a excepción del SNTE, cuyo caso se cuece muy aparte (http://j.mp/sinddipu); su capacidad de ejercer presión se vio erosionada (http://j.mp/sindhuel); la proporción de trabajadores agremiados como parte de la población económicamente activa se redujo (http://j.mp/peasind). Pero su papel como instrumento de control social sobrevivió, en parte porque el entramado legal y administrativo sobre el que se basa no sufrió reformas significativas, en parte porque “restringir el incremento salarial con el fin de controlar la inflación y convertir los bajos niveles de compensación a los trabajadores en la principal ventaja competitiva internacional se volvió un elemento clave en la estrategia económica del gobierno” (Graciela Bensusán y Kevin J. Middlebrook, Sindicatos y Política en México: cambios, continuidades y contradicciones, México, UAM-X/FLACSO/CLACSO, 2013, p. 49).

Esa es, en muy resumidas cuentas, la trayectoria histórica que hay detrás del pronunciamiento con el que hace un par de semanas los dirigentes sindicales se manifestaron en contra del alza al salario mínimo. Fue así, pues, que el sindicalismo mexicano pasó de ser una vieja herencia de la lucha obrera que también fue la Revolución Mexicana, a un espacio estratégico de intermediación asimétrica durante el régimen posrevolucionario, a un novedoso dispositivo de la gobernabilidad neoliberal.

 

@carlosbravoreg
Profesor asociado en el CIDE
COMPARTIR
Añade esta web app
a tu pantalla de inicio
Ver EL UNIVERSAL.mx
en versión completa
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS © EL UNIVERSAL

Sindicalismo neoliberal Carlos Bravo Regidor
1 de 1