Invertir en la naturaleza
Viernes 12 de abril de 2013 | José Sarukhán | El Universal | 00:00

Por naturaleza podemos igualmente entender el capital natural renovable o la biodiversidad de una región o una nación y es claramente un activo que rinde enormes frutos sociales e incluso económicos.

Desde hace tiempo muchos hemos insistido que la protección de los ecosistemas naturales de México es un asunto de valor estratégico para el futuro de nuestro país y para asegurar el bienestar de los ciudadanos; no sólo los que viven en y del campo, sino para la sociedad toda. Este concepto no acaba de percolar y asumirse en el diseño de políticas públicas del país relacionadas con el desarrollo de las zonas rurales o el “campo”, ese término ambiguo en la mente de mucha gente se convierte en un concepto que al parecer comprende solamente a quienes viven en las tierras agrícolas, las cuales son, en comparación con el resto del área no urbanizada de México, una fracción relativamente menor del territorio nacional.

En días pasados se publicó en la revista Sustainability: the journal of record (abril de 2013) una entrevista con Mark Tercek, el presidente de The Nature Conservancy, quizá la ONG de mayor tradición en el área de conservación de la naturaleza de EU. Tercek fue banquero-inversionista de Wall Street y luego líder de la estrategia ambiental de Goldman Sachs, un plan para desarrollar empresas que al tiempo que tuviesen buenas estrategias ambientales, generasen ingresos. Tercek terminó presidiendo esta importante ONG conservacionista, inspirado por la lectura de varios libros seminales sobre conservación escritos por E.O. Wilson, gran impulsor del concepto de biodiversidad y su conservación y de David Quammen, exitoso escritor sobre conservación.

Tercek sabe que conservar la naturaleza y la biodiversidad es bueno, pero no toda la gente fuera del mundo conservacionista coincide. El reto para él es convencer a esas personas, que incluso llegan a considerar que conservar a la naturaleza es un lujo o algo que se puede hacer una vez que las necesidades básicas de una sociedad se han resuelto. Mark Tercek se refiere a lo que llamamos los servicios ambientales de los ecosistemas (agua suficiente y limpia para beber, un clima estable en que desarrollarse, alimentos sanos y nutritivos cuya producción no dañe el ambiente, etcétera) como elementos vitales de un capital natural.

Refiere cómo, al participar en una comisión multidisciplinaria para valorar los daños del ciclón Sandy en el estado de Nueva York, llegaron a la conclusión de que además de la infraestructura física manufacturada requerida para encarar los riesgos de elevación del nivel del mar y el cambio climático, era indispensable una infraestructura vital, producida por la naturaleza, como es el caso de humedales bien conservados y dunas o bancos de ostras estables que actúen como arrecifes. La conclusión final fue que ambos tipos de infraestructura necesaria para proteger a la población deberían tener el mismo tratamiento de importancia.

Una consideración muy importante también fue reconocer que la infraestructura “verde” (el capital natural) no se deprecia, mientras que la infraestructura manufacturada por el hombre se deprecia y acaba destruyéndose. Ciertamente una buena lección de economía en la gestión del territorio…

En México tenemos muchos casos en que la inversión en el capital natural hecha de forma privada por cooperativas o individuos o por la inversión pública rinde beneficios sociales muy importantes, al tiempo que conserva nuestro capital natural. Esos ejemplos están ilustrado en la obra Patrimonio Natural de México: cien casos de éxito (http://bit.ly/10S4d92) publicado hace dos años por Conabio, y que es un escaparate de cómo acciones bien pensadas y mejor implementadas pueden ser muy exitosas en combinar desarrollo económico con conservación. Necesitamos replicar muchos de estos casos en el “campo” mexicano.

 

Investigador emérito de la UNAM y coordinador nacional de la Conabio

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